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UN SECUESTRO Y ALGO MÁS (RELATO FANTÁSTICO)
UN RAPTO (MICRORRELATO)
Una niña de diez años había sido raptada por los miembros de cierta secta diabólica. Estos eran adoradores del "Dios Oscuro", el cual, según sus propias palabras, les había reclamado “un sacrificio de carne humana”. Poco después unos agentes de policía fueron alertados por los amigos de la niña, únicos testigos del rapto. Los agentes irrumpieron en la sede de la secta, temerosos de que el sacrificio ya se hubiera consumado, en cuyo caso la pobre niña habría sido asesinada por sus captores... o quizás devorada por algún monstruo atroz, en el caso de que hubiera algo tangible tras ese supuesto "Dios Oscuro". Como no podía ser de otra forma, se sintieron muy satisfechos cuando encontraron a la niña sana y salva, en la cámara secreta donde la habían encerrado los sectarios. Pero un minuto más tarde todos los policías estaban muertos. En realidad, el sacrificio ya se había consumado. Lo que no habían entendido es que el dios no quería carne humana como alimento, sino como vestidura.
Texto. Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.
LA PESADILLA (MICRORRELATO)
EL DESPERTAR (MICRORRELATO)
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.
LA MALDICIÓN DE LOS TEUFELSTEIN (CUENTO FANTÁSTICO)
Texto: Fontenla. Imagen: Pixabay.
Tras contraer una enfermedad hereditaria que llevaba varias generaciones
haciendo estragos en su familia, el conde Alfred Von Teufelstein se vio al
borde de la muerte y, movido por la desesperación, juró dedicar una capilla a
cada uno de los ángeles cuyo nombre se menciona en la Sagrada Escritura, en el
caso de que el Cielo le concediera sobrevivir a su dolencia. Poco después la
fiebre empezó a remitir y, cuando se sintió definitivamente curado, Von Teufelstein
cumplió su promesa. Hizo construir en su castillo tres pequeñas capillas,
dedicadas respectivamente a los bienaventurados arcángeles San Miguel, San
Gabriel y San Rafael. Cuando estuvieron terminadas, llamó al obispo para que
las consagrara con agua bendita. Pero la misma noche de la consagración el
conde recibió en su alcoba una aterradora visita, que le reprochó haberse
olvidado del ángel cuyo nombre es mencionado más veces en la Biblia: Satanás,
el ángel caído. Y así supo el conde que, si no le dedicaba una capilla al
Diablo antes de que expirase el año, moriría irremediablemente y su alma de
perjuro sería condenada al Infierno. Aterrorizado, Von Teufelstein ordenó a sus
servidores edificar la capilla del Diablo en los subterráneos del castillo. La
obra estuvo terminada a tiempo y el conde desterró a los albañiles, para que no
divulgaran la existencia de aquella capilla diabólica. Pero faltaba consagrar
dicha capilla y, naturalmente, ningún clérigo cristiano osaría bendecirla. Así
pues, el conde recibió una vez más la visita del Diablo, quien le dijo que él
mismo debía consagrar la capilla con la sangre de su única hija, la dulce
Gretel. El conde se sintió apesadumbrado, pues amaba a su hija, pero se sometió
a los designios del Maligno. Después de todo, él siempre podría tener otras
hijas, pero no podía decir lo mismo de su alma. Al día siguiente, el conde se
acercó a Gretel y le pidió que lo acompañara a la cripta donde se hallaba la
capilla. La muchacha, como buena hija, aceptó seguir a su padre sin hacer
preguntas, pero antes le recomendó beber un poco de agua fresca, pues tenía la
frente bañada en sudor (algo normal, teniendo en cuenta la tensión nerviosa que
estaba sufriendo el conde). Así, Von Teufelstein tomó una copa de agua que le
ofreció la bondadosa Gretel y la vació de un solo trago. A continuación, padre
e hija descendieron a la cripta donde se hallaba la capilla del Diablo, sin que
nadie los viera. Una vez allí, el conde agarró a su hija y la degolló
limpiamente, sin darle tiempo a decir ni una sola palabra. Luego usó la sangre
de la infortunada doncella para consagrar la capilla y enterró su cadáver bajo
las baldosas del suelo. Acabada su tarea, el conde se dirigió a su oratorio
para rezar por el alma de su hija y pedirle a Dios perdón por sus crímenes,
pero antes de llegar cayó al suelo, como fulminado por un rayo. Unos servidores
lo encontraron poco después, pero ya era tarde: el conde estaba muerto,
envenenado por el agua que le había ofrecido Gretel. Esta, temiendo padecer en
el futuro la misma enfermedad hereditaria que había estado a punto de matar a
su padre, se había dedicado a estudiar en secreto los arcanos de la magia negra
y había visto al demonio primigenio Hastur, con el cual había hecho un pacto
impío: la salud de su cuerpo a cambio de la vida de su padre. De ese modo
murieron los últimos Von Teufelstein, víctimas indirectas de la enfermedad que
aquejaba a su familia (y uno de cuyos principales síntomas era la propensión a
sufrir alucinaciones de tema diabólico).
NYAPP (CUENTO FANTÁSTICO)
Karl quería participar
en un concurso de cuentos de miedo, que había convocado el instituto donde
estudiaba con ocasión de la Noche de Walpurgis, pero, dado que no se le ocurría
ninguna idea interesante, decidió recurrir a la ayuda de la inteligencia
artificial. Así de paso probaría NyApp, un nuevo sistema de IA generativa que
le habían recomendado encarecidamente. El cuento resultante, cuyo protagonista
despertaba a un dios maligno al leer en voz alta una frase escrita en cierto
libro prohibido, no era especialmente original y recordaba demasiado a
Lovecraft, pero aun así ganó el concurso, gracias a que tampoco había demasiada
competencia. La profesora de Literatura le pidió a Karl que leyera “su” cuento
delante de sus compañeros, a lo que el orgulloso ganador accedió con visible
satisfacción. Pero, cuando pronunció la frase fatal que figuraba en el cuento,
tanto él como su profesora y sus compañeros se vieron atrapados por tentáculos
invisibles surgidos de la nada, como si la ficción se hubiera convertido en
realidad. Nadie volvió a verlos nunca más.
En tiempos antiguos
había adoptado la apariencia de un hombre enjuto y siniestro, de piel oscura como
el azabache y vestiduras rojas como la sangre. Posteriormente reapareció como
un monstruo indescriptible, como una cabra negra de ojos refulgentes, como un
misterioso sabio de rasgos orientales… Pero Nyarlathotep, dios del caos,
también podía reencarnarse en una IA generativa para adaptarse a los tiempos
modernos.
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.
EL CUADRO (CUENTO FANTÁSTICO)
Texto: Fontenla. Imagen: Pixabay.
Tas la misteriosa desaparición del doctor Guy Arlington, sus
herederos decidieron vender la vieja casa familiar (que, según sus propias
palabras, “les causaba malos sueños”), así como sacar a pública subasta la
mayoría de los muebles y objetos de arte legados por el desaparecido. Sin
embargo, uno de los cuadros era tan extraño y siniestro que sólo un joven
artista llamado Frederick Fenton se atrevió a pujar por él. Se trataba de una
pintura al óleo, de colores fríos y tenebrosos, que representaba un islote
desnudo, en medio de un mar cuyas aguas tenían un matiz extrañamente verdoso.
Sobre aquel islote se veían diez pequeñas figuras humanas, demasiado diminutas
para que pudieran distinguirse sus rasgos personales, pero cuyas posturas
parecían reflejar un estado de agitación, por no decir de pánico, seguramente
provocado por algo grande y terrible que surgía de la niebla para amenazar a
los indefensos náufragos del islote. Sin embargo, lo que acechaba tras la
niebla no se discernía bien, sino que era algo informe, de aspecto indefinido
y, precisamente por ello, mucho más inquietante que cualquier monstruo de
facciones nítidas. Por lo demás, aquel cuadro parecía obra de un artista de
mucho talento, aunque carecía de firma y ni los responsables de la subasta ni
los herederos de Arlington pudieron satisfacer la curiosidad de Fenton respecto
a la identidad del autor. Si su autoría era un misterio, lo mismo podía decirse
de su título y de su origen, pues Arlington nunca había dado explicaciones al
respecto.
Una vez en su humilde
apartamento de Chelsea, Fenton colgó el cuadro en su dormitorio, sobre la
cabecera de su cama, y, como ya era de noche, no tardó en acostarse, pues al
día siguiente debía madrugar para asistir a una exposición de sus propias
obras. El joven Fenton siempre había sido propenso a las ensoñaciones extrañas,
pero aquella noche sus pesadillas fueron realmente atroces y varias veces hubo
de despertarse, con la frente bañada en sudor y el corazón palpitante, sin
poder conciliar un sueño tranquilo hasta bien entrada la madrugada. Durante las
noches siguientes se repitieron aquellas pesadillas intolerables, cuya fuente
primordial parecía ser la turbadora imagen del cuadro, aunque los recuerdos de
Fenton al respecto eran bastante vagos y no tardaban en desvanecerse.
Preocupado por su estabilidad psíquica, Fenton llegó a plantearse si no sería
mejor deshacerse del cuadro causante de sus pesadillas, pero finalmente rechazó
esa opción, en parte por parecerle sumamente cobarde y, sobre todo, porque de
poco le serviría vender el cuadro si el recuerdo del mismo permanecía grabado
en su memoria. Y es que Fenton tenía una de esas mentes complicadas e
hipersensibles que se aferran obsesivamente a aquellas imágenes o sensaciones
que más les gustaría olvidar. Pero, como las secuelas de tantas noches en vela
estaban empezando a tener efectos desastrosos sobre la ya de por sí delicada
situación personal del artista, finalmente tomó la determinación de consumir
calmantes antes de dormir. Las primeras dosis que tomó fueron bastante
moderadas y no le sirvieron de nada. Luego decidió aumentar las dosis, llegando
a rozar extremos que cualquier médico consideraría peligrosos, pero tampoco
obtuvo los resultados que esperaba. Muy al contrario, fue peor el remedio que
la enfermedad, pues ahora ya no se despertaba en plena noche, pero eso solo
servía para que sus pesadillas fueran más largas y tuvieran unos efectos
psíquicos más demoledores. Finalmente, el ya desesperado Fenton decidió
arriesgarse y sustituyó los calmantes por verdaderos narcóticos, que podía
conseguir de forma clandestina a través de un círculo de artistas bohemios, con
los que estaba ligeramente relacionado (curiosamente, el desaparecido doctor
Arlington también había formado parte de dicho círculo, pero Fenton ignoraba
esta coincidencia). Aquella noche tomó, mezclada con el agua que siempre bebía
antes de acostarse, una fuerte dosis de una droga casi desconocida y no tardó
en conciliar el sueño. Pero las pesadillas volvieron de nuevo y esta vez fueron
peores que nunca. Ahora Fenton ya no podía despertarse gritando de terror, pues
la droga se lo impedía, y no solo debía enfrentarse una vez más a la pesadilla,
sino que esta vez tendría que sufrirla hasta el final. Y no todas las
pesadillas tienen un final. Varios días después, unos amigos de Fenton,
extrañados porque este había dejado de asistir a sus reuniones y no contestaba
a sus mensajes, le preguntaron por él a su casero. Este, que también llevaba
varios días sin saber del artista, no pudo decirles nada, pero los llevó a la
puerta de su apartamento. Como nadie respondió a sus llamadas, el casero abrió
la puerta con su propia llave y entraron, pero no hallaron a Fenton. Todas sus
cosas estaban allí, todas salvo él mismo. Nunca más se volvió a saber de
Fenton, cuya desaparición sigue siendo un misterio aparentemente irresoluble.
El casero decidió alquilar el apartamento a otra persona y las escasas
posesiones personales del artista desaparecido fueron enviadas a la casa de sus
padres. Hoy, en el desván de la casa familiar de los Fenton, permanece olvidado
un mudo testigo de hechos asombrosos: un cuadro sumamente extraño, donde algo
siniestro surge de la bruma para amenazar a once pequeñas figuras humanas
atrapadas en un islote.
LA COLINA DE ZAMAN (LOVECRAFT)
La enorme colina se hallaba tan cerca de la vieja aldea que sus precipicios empezaban donde terminaba la calle principal. Verde, elevada y cubierta de bosque, su mirada tenebrosa se cernía sobre el campanario que se alzaba junto a la curva de la carretera. Durante dos siglos habían circulado rumores sobre lo que sucedía en aquella prominencia embrujada. Se hablaba de ciervos y pájaros extrañamente mutilados, de niños desaparecidos cuyas familias habían perdido para siempre. Un día el cartero no encontró la aldea donde solía estar, ni sus edificios ni sus habitantes volverían a ser vistos nunca más. Hubo vecinos de Aylesbury que se acercaron para satisfacer su curiosidad, pero todos llamaron loco al cartero, quien aseguraba haber visto en la gran colina ojos famélicos y fauces abiertas.
NYARLATHOTEP (LOVECRAFT)
Y al final
vino del profundo Egipto el extraño desconocido ante el cual los campesinos inclinaban
la cerviz, silencioso y enjuto, misterioso y altivo, vestido con ropajes que
reflejaban las llamas del sol poniente. La plebe se congregaba a su alrededor,
ansiosa de escuchar sus palabras, pero luego nadie podía repetir lo que había
oído. Mientras tanto, discurrió entre las naciones el rumor de que las bestias
salvajes lo seguían para lamer sus manos. Pronto tuvo lugar en el mar un evento
funesto, cuando tierras olvidadas emergieron mostrando sus cúpulas de oro. El mundo se estremeció y llamas atroces incendiaron las temblorosas ciudades de
los hombres. Entonces el caos sin mente aplastó el polvo de la tierra,
destruyendo lo que había creado como juego.
MEMORIA (H. P. LOVECRAFT)
Traducción: Fontenla. Imagen: Pixabay.
En el valle de Nis una maléfica luna
menguante envía sus rayos entre las hojas de los árboles malditos. Y en el
fondo del valle, allí donde no llega la luz, se mueven cosas que no están
hechas para nuestros ojos. Los matorrales crecen densos en las laderas, donde
rodean las piedras de edificios arruinados y ciñen con fuerza viejas columnas o
extraños monolitos, estragando pavimentos de mármol dispuestos por manos
olvidadas. Y en los árboles que crecen en los patios muertos saltan pequeños
monos, mientras de oscuras criptas emergen serpientes venenosas y cosas sin
nombre.
Inmensas son las piedras que duermen
bajo capas de musgo húmedo y poderosos son los muros de los que se
desprendieron. Sus constructores las erigieron para la eternidad y ciertamente
aún cumplen su función, ya que acogen al sapo gris.
En el fondo del valle corre el río Tone,
cuyas aguas están llenas de fango. Como nace en arroyos ocultos y fluye hacia
cuevas subterráneas, ni siquiera el Demonio del Valle sabe por qué sus aguas
son rojas ni dónde desemboca.
El Duende que acecha en los rayos de
luna se dirigió al Demonio del Valle y le dijo:
—Soy viejo y he olvidado muchas cosas.
Dime los hechos, la forma y el nombre de los seres que edificaron esas ruinas
de una piedra.
Y el Demonio le respondió:
—Mi memoria es buena y recuerdo mucho
del pasado, aunque yo también soy anciano. Aquellos seres, como las aguas
misteriosas del río Tone, no estaban hechos para ser entendidos. No recuerdo
sus hazañas, pues estas apenas duraron un instante. Pero sí conservo una vaga
imagen de su aspecto, semejante al de los pequeños monos que viven en los
árboles. También recuerdo con claridad su nombre, ya que rimaba con el del río
Tone. Esos seres pretéritos se llamaban Hombres.
Entonces el Duende volvió a la luna y el
Demonio miró pensativo a un pequeño mono, subido en uno de los árboles que
crecían en el patio arruinado.
EL VIEJO CAPITÁN (CUENTO)
Nos hallamos en cierta localidad portuaria de Nueva Inglaterra hacia el
año 1920. La solitaria casa del Viejo Capitán rara vez recibía visitas, pero
aquella tarde un joven escritor llamó a su puerta. Aunque poca gente conocía
íntimamente al Viejo Capitán, se decía que había vivido muchas experiencias
extraordinarias a lo largo de su ajetreada vida. El joven escritor quería
entrevistarse con él, guiado por la esperanza de que pudiera sugerirle el
germen de alguna historia interesante. Afortunadamente, el anciano resultó ser
una persona mucho más amable de lo que su visitante se había imaginado. Al
joven escritor también le agradó descubrir que la casa estaba llena de gatos,
pues él, al igual que su vetusto anfitrión, sentía cierta debilidad por los
pequeños felinos. El Viejo Capitán no solo los trataba con cariño, sino que
además hablaba con ellos como si pudieran entenderlo y les daba nombres de persona,
que al parecer se correspondían con los de sus antiguos compañeros de
navegación. Tras rehusar un vaso de ginebra y aceptar un té con pastelillos, el
escritor le pidió al anciano que le hiciera un breve resumen de su vida. El
capitán sonrió y dijo:
—Lo cierto es que he vivido bastantes aventuras emocionantes. Nací en el
seno de una familia distinguida, pero la Guerra Civil y el cólera aunaron sus
esfuerzos para dejarme huérfano a una edad muy temprana. Por ese motivo tuve
que dejar la escuela y embarcarme como grumete cuando aún no había cumplido los
doce años. Durante mi larga vida como marinero he navegado por lugares remotos
y extraños. Nunca me he casado, pero sí he mantenido relaciones amorosas con
varias mujeres de distintas razas. Curiosamente, a los veinticinco años, siendo
ya primer oficial de un barco mercante, aún era completamente virgen. Entonces
los monzones nos obligaron a buscar cobijo en cierta isla oriental, habitada
por una tribu de costumbres matriarcales. Por algún motivo le caí en gracia a
la princesa de la isla, que era una chica tan bella como caprichosa. Intentó
seducirme, pero yo, que en aquella época aún no estaba acostumbrado a tratar
con mujeres, rechacé sus intentos con cierta brusquedad. Aquella noche encontré
una cobra entre las ropas de mi cama y comprendí que la había ofendido. Al día
siguiente le ofrecí mis disculpas a la princesa y me excusé diciéndole que
estaba casado (como “prueba” de ello le mostré una vieja foto de mi madre).
Ella no debió de quedar muy satisfecha con mis explicaciones, pues mientras
dormía la siesta encontré una araña venenosa en mi cama. Finalmente accedí a
acostarme con la princesa y al anochecer encontré un hermoso gatito jugando en
mi camarote. Aquel cachorro pertenecía a una especie endémica de la isla y
poseer uno se consideraba un gran honor entre los nativos. Comprendí que la
princesa por fin había quedado satisfecha y acepté su regalo con verdadero
placer. Poco después abandoné la isla y no volví a verla nunca más. Por lo que
sé, murió hace algunos años y hoy gobierna la isla su hija mayor, de quien se
dice que tiene los ojos azules. A veces he sentido la tentación de visitarla,
pero nunca me he atrevido, pues no me gustaría tener que elegir entre cometer
un incesto o encontrarme con otro bicho venenoso en mi cama. En cuanto al gato,
fue mi mejor amigo durante los doce años que vivió. Todos los felinos de mi
casa son descendientes suyos y han heredado sus cualidades.
En aquel punto la narración del anciano marinero fue interrumpida por
las sirenas de un vehículo policial. Pocos segundos después el comisario en
persona llamó a la puerta del Viejo Capitán, quien aquella tarde recibió más
visitas de las que solía recibir en un año entero. El comisario se dirigió a él
en voz alta, pues ignoraba la presencia del joven escritor:
—Capitán, varias niñas han desaparecido misteriosamente mientras jugaban
en el bosque y, a juzgar por ciertos indicios, cabe pensar que han sido
raptadas. Mis hombres ya están peinando la zona, pero le agradeceríamos que nos
prestase su ayuda una vez más.
El comisario se marchó y entonces el joven escritor se dirigió al
anciano:
—Disculpe mi ignorancia, capitán, pero no acierto a comprender cómo podría
usted ayudar en este asunto.
—En realidad, serán mis gatos quienes harán el trabajo. Olvidé decirle que poseen
cualidades fuera de lo normal. Mientras esperamos su retorno, le contaré cómo descubrí en Arabia las ruinas de una ciudad sin nombre o, si lo prefiere, le hablaré de los vestigios prehistóricos que encontré durante mi última visita al África central.
…
En el interior de una fábrica abandonada tres niñas atadas, amordazadas
e indefensas se hallaban a merced del maníaco que las había raptado. Aquel
psicópata ya estaba a punto de degollarlas cuando creyó oír un sonido extraño
procedente del exterior. Salió del edificio armado con un cuchillo, pero nunca
más volvió. En cambio, diez minutos después entraron en la fábrica varios
gatos, que se relamían y bostezaban como si se hubieran dado un buen banquete.
Los felinos rompieron a mordiscos las ataduras de las niñas, que huyeron de
allí a toda prisa, sin prestarle atención a un esqueleto que yacía entre los
arbustos, sin una sola brizna de carne sobre sus huesos.
…
Aquella noche el Viejo Capitán despidió al joven escritor y le dijo:
—Espero que haya obtenido algún provecho literario de nuestro encuentro,
señor Lovecraft.
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.
XELA (CUENTO)
Xela era una niña que vivía con Laura, su
madre viuda, en una casita del bosque. Pese a ser guapa, amable y estudiosa, no
tenía muchos amigos, pues casi todos sus compañeros de clase pensaban que
estaba loca o era una especie de bruja. Eso se debía a que Xela aseguraba que
en ocasiones podía ver y oír a los espíritus del bosque, así como a las almas
de los muertos. La única persona que creía en ella era su amigo Javier, un niño
al que le gustaba mucho la fantasía. Como también le gustaba Xela, el cinco de
marzo (día de su cumpleaños) le regaló una antología de los cuentos de
Lovecraft. No tuvo éxito, pues ella, pese a ser bastante aficionada a la lectura,
solo leyó un par de relatos y luego se olvidó del libro. Le dijo a su madre:
—Ese escritor no sabía nada de magia.
Mientras tanto, un peligroso presidiario
había conseguido huir de la cárcel, llevándose consigo una pistola eléctrica
que le había arrebatado a un guardia después de golpearlo.
Aquel mismo día Laura y Xela estaban en la
cocina de su casa, pelando patatas para hacer una tortilla. Laura creyó oír
algo y le dijo a su hija:
—Creo que el gato del vecino ha vuelto a entrar en casa. Voy a ver si
consigo echarlo antes de que haga otro estropicio.
Laura salió tranquilamente de la cocina,
pero entonces apareció el prófugo, que la agarró y la amenazó con su pistola.
Xela, al ver a su madre en peligro, intentó reaccionar, pero el intruso le
dijo:
—Quieta y calladita, nena, si no quieres que tu mamá sufra por tu culpa.
Ahora vais las dos a ser buenas chicas y a hacer todo lo que yo os diga.
Comprendiendo que no tenían más remedio que obedecer, madre e hija se
sometieron a las órdenes del intruso. Este las ató a ambas con unos cordones y
luego fue en busca de cinta aislante para amordazarlas. Pero, mientras estaba
distraído registrando los cajones, Xela, que de algún modo había conseguido
liberarse de sus ligaduras, se acercó a él sin hacer ruido, le arrebató la
pistola y lo dejó fuera de combate con una descarga. Luego ató al criminal
antes de que se recuperara y liberó a su madre. Cuando ya estuvo más tranquila,
Laura le preguntó a Xela:
—¿Cómo pudiste desatarte en tan poco
tiempo?
La niña sonrió y le dijo a su madre:
—Fue muy fácil, mamá. Gracias a un cuento
del libro de Lovecraft, conocí a un gran mago del siglo XX llamado Harry
Houdini, cuyo espíritu me dio unas lecciones rápidas de escapismo. Hoy he
aprendido algo: que incluso los libros que no nos gustan pueden sernos útiles
en alguna ocasión.
Y Laura también aprendió que su hija realmente podía comunicarse con los muertos.
Texto: Javier Fontenla. Fuente de imagen: Pixabay-Darksouls.
EL LAGO DE LA PESADILLA (H. P. LOVECRAFT)
Adaptación: Javier Fontenla. Imagen: Carlos Miranda.
Hay un lago en el remoto Zan, allende las tierras de los hombres, donde se consume en horrible soledad un espíritu anciano y desolado, un espíritu viejo e impío, cargado con el peso de una pavorosa melancolía, mientras respira los vapores pestilentes que emanan de las aguas densas y estancadas. Sobre las orillas arcillosas se deslizan criaturas decadentes y repulsivas, bajo el vuelo de extrañas aves que nunca han sido vistas por ojos mortales. Durante el día brilla un sol crepuscular sobre aguas cristalinas que nadie ha contemplado, pero por la noche los lívidos rayos lunares se sumergen en los abismos que bostezan en su sima. Solo las pesadillas han revelado qué escenas iluminan esos rayos; qué escenas, demasiado viejas para los ojos humanos, yacen sumergidas en una noche eterna, pues allí solo reposan las sombras de una raza silenciosa. Una medianoche, emponzoñada por hedores malsanos, vi en mis sueños aquel lago, mientras en el cielo púrpura brillaba una luna gibosa. Pude ver sus orillas pantanosas y las criaturas venenosas que se ocultan en ellas: lagartos y serpientes retorciéndose agonizantes, cadáveres putrefactos de cuervos y murciélagos, así como necrófagos que se alimentaban de sus despojos. Y mientras la siniestra luna relucía en las alturas, ahuyentando del cielo a las estrellas, vi iluminarse las espesas aguas del lago y emerger las cosas que custodia el abismo. En las profundidades se veían las torres de una ciudad olvidada, con sus oscuras cúpulas y sus paredes cubiertas de musgo, torres tapizadas de algas y salones vacíos, templos abandonados y bóvedas terroríficas, así como calles de oro sin brillo, de las cuales vi cómo surgía una horda de sombras informes, una espantosa horda que parecía agitarse en una danza siniestra, alrededor de sepulcros que yacían a la vera de caminos nunca hollados. Un remolino se alzó de aquellas tumbas y rompió la espesa quietud de las aguas, mientras las letales sombras de la superficie aullaban bajo la sardónica faz de la luna. Entonces el lago se hundió en su propio lecho, absorbido por las simas de la muerte, mientras de la tierra limosa recién emergida se elevaban vapores hediondos de malsano origen. Sobre la ciudad se movían las monstruosas sombras danzantes, cuando, de repente, se abrieron ruidosamente las lápidas de los sepulcros. Ningún oído podría escuchar ni ninguna lengua contar qué horror enloquecedor sobrevino a continuación. Veo ese lago, esa luna sinuosa, esa ciudad y las criaturas que la habitan. Cuando estoy despierto, rezo para que esa orilla no vuelva a sumergirse nunca más en el lago de las pesadillas.
LA COLINA DE ZAMAN (H. P. Lovecraft)
La enorme colina se hallaba tan cerca de la vieja aldea que sus
precipicios empezaban donde terminaba la calle principal. Verde, elevada y
cubierta de bosque, su mirada tenebrosa se cernía sobre el campanario que se alzaba
junto a la curva de la carretera. Durante dos siglos habían circulado rumores
sobre lo que sucedía en aquella prominencia embrujada. Se hablaba de ciervos y
pájaros extrañamente mutilados, de niños desaparecidos cuyas familias habían
perdido para siempre. Un día el cartero no encontró la aldea donde solía estar,
ni sus edificios ni sus habitantes volverían a ser vistos nunca más. Hubo
vecinos de Aylesbury que se acercaron para satisfacer su curiosidad, pero todos
llamaron loco al cartero, quien aseguraba haber visto en la gran colina ojos
famélicos y fauces abiertas.
Homenaje a Lovecraft
- Amnesia autora Sara Lena Tenorio
- La niña fantasma autor Javier Fontenla
- El viejo capitán autor Javier Fontenla
- Desaparecida autora Brenda Valeria
- La corta noche de la vida Autor Ernesto Moreno
- El Tripulante autor Marcelo Huarcaya Minauro
- Desde la profundidad autor William Delgado
- Simulacro autor Cristian Burgoa
- Encomienda de Nahl. Primer lugar, autora Scherezada.
- El despertar de Azathoth. Segundo lugar, autora Carolina Arriaga.
- Desde lo profundo. Tercer lugar, autor Aldo Matus.
- Scherezada (Favor de adelantar hasta el minuto 11:30). ¡Gracias! Ganadora del primer lugar, con su cuento Encomienda de Nahl.
SIMULACRO
Texto e imagen proporcionados por el autor: Cristian Burgoa
Era una noche fría y oscura, un fugitivo decidió esconderse en un túnel; la policía lo había perdido de vista.
El abandonado, húmedo y oscuro túnel al parecer era un perfecto escondite, quizás solo por esta noche. Era un poco difícil caminar por los grandes charcos de agua que se habían formado por el deterioro de los años. El fugitivo continuaba con su trayecto en la oscuridad hacia lo desconocido, de pronto, sintió tropezar con un objeto e impactar con algo sólido. — Que idiota soy, pudiendo utilizar la linterna desde un principio — Nervioso y un poco adolorido dijo, encendiendo su linterna, el fugitivo. Con la ayuda de la linterna pudo observar el objeto con el que impactó, aquél objeto era una abandonada y oxidada cabina de tren. Asombrado, pudo también apreciar alrededor suyo que existían restos humanos esparcidos por todas partes. Ese olor nauseabundo que emitían dichos cuerpos, era molestoso desde el momento en que ingresó al túnel.
De pronto, el fugitivo oyó aproximarse una motocicleta. El ruido del motor que emitía aquella motocicleta se hacía cada vez fuerte a medida que se acercaba. El fugitivo corrió para esconderse en la abandonada cabina, apagó la linterna y contuvo la respiración. Solo quedaba esperar a que dicha motocicleta pasara desapercibida, que por cierto era una patrulla en la que iban dos policías en ella.
— ¿Ves algo? — preguntó el policía que conducía la motocicleta.
— No, al parecer no se encuentra aquí. Ese hombre ya debe traer la ropa toda sucia, en caso de haber estado por aquí, no puedo creer que incluso se haya dado la molestia de traer puesta su bata blanca médica. Este lugar me genera morbo y nauseas, continuemos con la búsqueda de ese hijo de perra. — respondió el colega y compañero de la patrulla de policía.
Después de unos minutos, ya se había alejado aquella patrulla de policía. El fugitivo tomo aire para poder respirar, cogiendo su maletín se levantó del lugar en el que se había escondido, salió de la cabina.
Encendió su linterna, continuó su camino con rumbo a lo desconocido. Cuando de repente, escuchó varios disparos de armas de fuego. El fugitivo asustado decidió apagar su linterna. Al parecer aquellos policías se encontraban en peligro. Se escuchó un agonizante grito, los disparos habían cesado. El silencio se apodero del ambiente. El fugitivo creyó haber terminado el caos, al menos eso parecía. De repente escuchó un fuerte gruñido balbuceante. El fugitivo, impactado por lo que acabó de oír, decidió volver a la cabina del tren para resguardar su vida.
— ¿Dónde rayos llegué a parar? — Asustado y en voz baja dijo, el fugitivo.
Una vez dentro de la cabina, volvió a contener la respiración, al parecer no será una noche tranquila para él, hasta que cunda la calma. Después de unos segundos de silencio absoluto, dejo de contener la respiración para relajarse un poco.
Cuando todo parecía haber terminado, se empezaron a escuchar pasos torpes y lentos. Dichos pasos se estaban aproximando hacia la cabina del tren. Los pasos estaban cada vez más cerca. Aquella blasfema cosa empezó a golpear la cabina. El fugitivo era consciente de que aquella cosa sabia sobre su paradero. El fugitivo encendió su linterna, decidido a salir de aquel túnel abandonado, corrió sin mirar atrás. Ya se encontraba cerca de la salida, tenía pensado o imaginaba aproximarse hacia alguna carretera cercana y abordar en algún vehículo que lo llevase a las cercanías de la frontera para luego escapar de esta maldita realidad. Su realidad será otra porque el fugitivo acaba de tropezar.
— ¡¡¡Mierda!!! — gritó de dolor y desesperación, el fugitivo.
El dolor en la pierna era muy fuerte, esto permitía que la blasfemia cosa tenga ventaja y se acercase rápido. El fugitivo ya no soportaba el dolor, al parecer se generó una fractura en la pierna. Decidió quedarse en el suelo, la hemorragia no paraba. Apuntando la linterna hacia el blasfemo monstruo, pudo observar y reconocer el deforme y descompuesto rostro de aquél ser.
En ese preciso momento. Millones de lunas giraron alrededor del cerebro del fugitivo, cada una de éstas contenían imágenes únicas, avanzaban en distintas velocidades. De todas estas lunas, con las cuales revive momentos, existe una muy especial. Esta luna especial emite la imagen de aquél día en que el fugitivo intento traer de vuelta a la vida, mediante un experimento, a su compañero y mentor. En aquél experimento que consistía en colocar la cabeza de su compañero en el cadáver de otro ser humano, mediante un “suero”. Dicha cabeza se encontraba en la cripta subterránea, fue un poco difícil conseguirla. Al final de cuentas dio resultado aquel experimento que había realizado el fugitivo, claro, no como esperaba. Había creado un monstruo con la cabeza de su compañero fallecido. Durante muchos años había desarrollado e investigado un nuevo “suero”, mejorado y eficaz, para revivir a los muertos y darles inmortalidad. Este nuevo “suero” se caracterizaba de revivir a los muertos con uso de razón y sentimientos.
El fugitivo sin posibilidad de caminar, se encontraba rodeado por ambos lados. En frente tenía al blasfemo muerto viviente, por el otro lado estaba rodeado por la policía.
— ¡Doctor, misión cumplida! Gracias por todas sus enseñanzas en nuestro bizarro proyecto, pude perfeccionar el “suero”. El “suero” es tan eficaz a tal nivel que debo decirle que todo lo que ocurre es ficticio, todo es una mentira, tanto nosotros como todas las personas en el mundo dejamos de existir hace mucho. Todos revivimos gracias al último “suero” que invente. Que dicho “suero”, solo queda una última dosis. Esa última dosis se encuentra en el maletín. Fue un placer trabajar con usted. Me enorgullece haber sido su compañero, cómplice, ayudante y amigo. ¡Doctor West, misión cumplida! — Dijo, el ayudante y/o fugitivo.
El fugitivo y/o ayudante prendió fuego, con la ayuda de un encendedor, al maletín que contenía la última dosis del “suero”. Mientras tanto la policía, con una ráfaga de disparos, terminaba con quienes en vida fueron Doctor West y su ayudante.
Autor Cristian Burgoa
Este
texto participa en el concurso de cuentos Lovecraftianos, en seguida enlisto
los otros participantes (Dale clic a las letras
doradas, los enlaces, para que te lleven a cada uno de los títulos citados):
- Amnesia autora Sara Lena Tenorio
- La niña fantasma autor Javier Fontenla
- El viejo capitán autor Javier Fontenla
- Encomienda de Nahl autora Scherezada
- El despertar de Azathoth autora
Carolina Arriaga
- Delirios de un huésped autor Aldebarán
de Canis
- Desaparecida autora Brenda Valeria
- La corta noche de la vida
Autor Ernesto Moreno
- Desde lo profundo autor Aldo Matus
- El Tripulante autor Marcelo Huarcaya
Minauro
- Desde la profundidad autor William Delgado Deja tu voto aquí
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Sara Lena Tenorio
Mi nombre es Sara Lena, nací un día de primavera en la ciudad de México, soy autora de dos libros que forman una saga que, aunque ya está p...















