Aquella
noche Helene Belfort, la niña vampiro, vagaba por una tenebrosa calle de las
afueras. La oscuridad era su refugio, pero también su maldición, y a veces echaba de menos tener amigos con los que jugar. En realidad, antes de convertirse en vampiro había sido una niña introvertida, más amiga de leer o de tocar el piano que de relacionarse con los demás, pero los Piscis (Helene lo era) nunca han destacado por su coherencia. Entonces se encontró
con un gatito abandonado, lo acarició y le dijo: “Tranquilo, no voy a hacerte
daño, esta noche intentaré ser buena”. Pero veinticuatro segundos después: “Lo
siento, gatito, no puedo resistir la sed”. Aquella noche Helene volvió a ejercer
de vampiro (y de Piscis), pero podemos decir en su honor que no bebió la sangre
del gatito, sino la de quienes lo habían abandonado.
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VAMPIROS Y FELINOS (MICRORRELATO)
LOS ÚLTIMOS RECUERDOS DEL AVENTURERO (MICRORRELATO)
Mañana moriré, pero hoy
recuerdo el ayer. He hollado las tumbas donde reposa una dinastía maldita y he
caminado entre los mausoleos de los reyes atlantes, cuyas criptas embrujadas
custodian secretos más viejos que el mundo. He surcado mares prohibidos, donde
el tiburón blanco se desliza entre los abismos, y he desembarcado en islas
desconocidas, donde el Mal acecha bajo las ruinas de templos impíos. Me he
sumergido en las tinieblas de los hipogeos estigios y he empuñado una espada
cimeria, que despertó recuerdos olvidados en mi alma. En un país lejano he
sostenido la mirada de una niña misteriosa, cuyos ojos eran carmesíes como las
llamas del Infierno y tristes como los cielos del otoño. Mañana moriré, pero
hoy recuerdo el ayer. ¿Pasado mañana cuántos ayeres recordaré?
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.
LA MUÑEQUITA
Annie sentía cómo su pobre alma infantil se disolvía en la pálida nada del olvido, como un copo de nieve fundiéndose sobre las aguas de una charca fría y oscura. La muerte no perdona a nadie, ni siquiera a las niñas inocentes que apenas habían empezado a vivir. Pero la muñequita de trapo que sostenía entre sus manos trémulas parecía decirle, con sus tristes ojos negros: “no tengas miedo, Annie, tu espíritu siempre vivirá dentro de mí”. Annie murió, pero desde entonces los ojos de su muñequita brillan con un misterioso resplandor y le dicen, a quien sepa interpretar sus miradas, que en el trapo también puede vivir un alma.
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.
LITERATURA FANTÁSTICA: NORMAS Y EXCEPCIONES
Se le atribuye a H. G.
Wells, el padre de la fantasía científica junto con Jules Verne, la llamada
"ley Wells": en un buen relato fantástico debía suceder un único
hecho "imposible" y todo lo demás tenía que ser completamente
realista. Seguir esta norma aumenta la verosimilitud del relato y lo hace más
digerible para la escéptica época actual. Sin embargo, no se aplica, por
ejemplo, en las novelas de Tolkien, donde hay prácticamente de todo (dragones,
elfos, anillos mágicos y un largo etcétera).
Otro conocido escritor
inglés de la época postvictoriana, el cuentista M. R. James, promulgó las tres
normas básicas que, según su criterio, debía seguir una buena historia de
fantasmas:
1-La
trama debe estar ambientada en un entorno que le resulte familiar al lector,
para que este pueda identificarse con los personajes y compartir su miedo. Así
pues, James ambienta sus historias en el mundo moderno, aunque no renuncia
completamente a los escenarios góticos ni a los grimorios medievales. Por otra
parte, sus protagonistas son personas muy normales y bastante escépticas, que
se meten inadvertidamente en la boca del lobo y no se enteran del peligro que
corren hasta que es demasiado tarde. Pero esta norma no fue aplicada por los
grandes maestros de la novela gótica, desde Walpole hasta Bécquer, que
ambientaban sus terrores en épocas pretéritas y lugares exóticos.
2-El
fantasma debe ser una entidad maligna, pues de otro modo no provocaría miedo.
Esta es una norma bastante lógica, aunque también hay en la literatura fantasmas
buenos, como los que aparecen en el “Cuento de Navidad” de Dickens o en
"El fantasma de Canterville" de Oscar Wilde.
3-Hay que evitar el abuso
de terminología ocultista que hacían algunos autores de la época victoriana,
aficionados a la teosofía y al espiritismo. Sin embargo, hubo maestros del
terror, como Algernon Blackwood y Arthur Machen, que reflejaron sus creencias
ocultistas en sus cuentos con notable éxito.
Otra norma promulgada por
James aparte de las tres anteriores es la de que al final del relato siempre
debe existir cierta ambigüedad respecto a lo sucedido, de modo que no pueda
descartarse por completo la explicación racional. Pero eso no sucede, por
ejemplo, en las historias de Carmilla y Drácula, donde no hay ninguna duda de
que los vampiros son reales.
Para acabar, Tolkien dijo
que no hay que explicar todos los misterios, pues, según sus palabras, incluso
en las eras mitológicas debe haber enigmas. Respecto a esta norma no conozco
ninguna excepción y, si la hay, seguro que es un error. Congratulations, maestro
Tolkien.
NOSTALGIA (H. P. LOVECRAFT)
Texto original: H. P. Lovecraft. Traducción: Javier Fontenla. Ilustración de Carlos Miranda.
Una vez al año, a través de los nostálgicos cielos otoñales, los pájaros sobrevuelan el inmenso océano cantando alegremente, rumbo a una tierra sepultada en sus recuerdos. Añoran magníficos jardines donde crecían flores de brillantes colores, bosques de deliciosos mangos y sagradas arboledas, cuyas ramas ensombrecían los caminos, tal como aún pueden ver en sus sueños. Ellos buscan la costa donde se alzaba una ciudad de blancas torres, pero solo encuentran mares vacíos y dan la vuelta una vez más. Las viejas torres yacen sumergidas en las profundidades, rodeadas por extraños pólipos y añorando las perdidas canciones.
Texto original:
Once every year, in autumn's wistful glow,
The birds fly out over an ocean waste,
Calling and chattering in a joyous haste
To reach some land their inner memories know.
Great terraced gardens where bright blossoms blow,
And lines of mangoes luscious to the taste,
And temple-groves with branches interlaced
Over cool paths - all these their vague dreams shew.
They search the sea for marks of their old shore -
For the tall city, white and turreted -
But only empty waters stretch ahead,
So that at last they turn away once more.
Yet sunken deep where alien polyps throng,
The old towers miss their lost, remembered song.
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