La niña chilló al enterarse de que estaba en peligro, pero sus padres no acudieron. Impulsada por el miedo, la niña huyó de su cuarto y empezó a correr por la casa oscura, sin dejar de pedir ayuda con toda la fuerza de sus pulmones. Cuando ya estaba a punto de llegar al vestíbulo, el intruso que había entrado en la casa la cogió y la amordazó, tal como antes había amordazado a sus padres. Luego robó todo el que quiso, mismo una hermosa muñeca que encontró en el cuarto de la niña. Pocos días después, la hija de los hombres que le habían comprado la muñeca al ladrón apareció muerta: al contrario que la primera niña, ella no tuvo la suerte de que un oportuno ladrón la salvara de la muñeca.
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Canva.
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