MONSTRUOS (CUENTO FANTÁSTICO)

 

La joven maestra les pidió a sus alumnos que le dibujaran al monstruo más terrorífico que conocieran, pues deseaba conocer sus miedos para ayudarlos a superarlos. Tal como esperaba, sus jóvenes discípulos le dibujaron un amplio y variopinto muestrario de criaturas grotescas, que iban desde los simpáticos monstruos de los dibujos animados hasta terrores sin nombre que seguramente solo existían en las pesadillas de los pequeños. Pero el dibujo más inquietante se lo entregó Marta, que era una niña muy estudiosa y aplicada, pero también bastante triste y solitaria. Sin embargo, aquel dibujo, que la pequeña ilustradora había realizado con bastante esmero para su edad, no representaba un monstruo propiamente dicho, sino un hombre de aspecto normal e incluso agradable, debajo del cual aparecían escrita esta única palabra: PAPÁ. La maestra no dijo nada, pero empezó a preguntarse qué había llevado a Marta a dibujar a su padre. Podría ser una broma de dudoso gusto, pero esa explicación no casaba con el carácter serio y responsable de la pequeña. ¿Y si Marta realmente le tenía miedo a su padre porque este la maltrataba o abusaba de ella? Parecía una hipótesis monstruosa (nunca mejor dicho), pero podía explicar, en parte, el carácter melancólico de Marta y su tendencia a encerrarse a sí misma, así como su aspecto un tanto enfermizo. Pero la maestra no sabía qué hacer para asegurarse. Si abordaba directamente a la niña, podía agravar sus temores o sus traumas con alguna pregunta indiscreta. Y hablar con el presunto maltratador tampoco parecía una opción prudente. Finalmente, la maestra decidió citar a la madre de la niña, tomando como excusa una charla sobre sus problemas de relación, y enseñarle, como quien no quiere la cosa, aquel inquietante dibujo, para ver cómo reaccionaba y saber a qué atenerse. Así, al día siguiente, mientras los niños disfrutaban del recreo, llegó al colegio la madre de Marta, que era una mujer aún joven y sumamente atractiva, de cuerpo perfecto y curvas despampanantes. La maestra la recibió cordialmente y la invitó a entrar con ella en una clase vacía, cuya puerta cerró para evitar que alguien escuchara su conversación. Poco después, se oyó un grito de mujer aterrada que alarmó a todo el colegio y la madre de Marta, pálida como una muerta, salió de aquella clase para pedir ayuda, pues, según sus palabras, la maestra había sufrido un súbito ataque cardíaco mientras conversaban. Todos los intentos de reanimarla resultaron infructuosos y la pobre joven murió sin haber recobrado la conciencia en ningún momento. Mientras tanto, la madre de Marta, ya más serena, aprovechó la confusión para acercarse a su hija, enseñarle el dibujo durante un instante, antes de tirarlo a la basura, y decirle en voz baja:
Marta, cariño, papá y yo te hemos dicho un montón de veces que tienes que guardar nuestro secreto. Y, además, estoy algo ofendida: sabes perfectamente que yo soy mucho más terrorífica que papá.
Ya lo sé, mami. Pero es que, como tú puedes cambiar de forma, nunca sé cómo dibujarte,.
Texto: Javier Fontenla. Imagen: Pixabay.

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