Después de que una misteriosa enfermedad
hubiera extinguido la vida de la hermosa baronesa doña Ramira, los niños de la
aldea empezaron a debilitarse y a padecer extrañas pesadillas. El cura párroco
don Marcial llegó a la conclusión de que la difunta había muerto en pecado y
que, como castigo, su cuerpo maldito vagaba por las noches para chuparles la
sangre a los niños. Él mismo abrió el ataúd de la dama y, tal como esperaba, la
encontró igual de hermosa que cuando estaba viva. Como no conocía otra manera
de acabar con su maldición, le clavó una estaca afilada en el pecho y empezó a
rezar por su alma. Mientras el cura rezaba, se puso el sol y una pequeña
criatura (no mayor que una rata, pero con unos dientes afilados como los de los
lobos) salió del cuerpo de la difunta, se arrojó sobre don Marcial y le
destrozó el cuello a mordiscos. Resulta que el pecado de la baronesa había sido
mantener relaciones con un ser maligno… y que el verdadero vampiro era el niño
que llevaba en su interior cuando murió.
Texto: Javier Fontenla. Imagen:Canva.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario